abril 17, 2021 12:59 am

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De Interés Mundial

El falso culto a la Imagen Corporal

José Canelón

La imagen corporal se refiere a la percepción que tiene un individuo con respecto a su aspecto físico. En la adolescencia, la imagen corporal está íntimamente relacionada con la autoestima, debido a que es una etapa de transición para convertirse en adultos, y les preocupa mucho cómo se ven ante los demás. Por lo tanto, la imagen corporal es cambiante y sensible a los estados de ánimo.

Desde siempre, la imagen corporal ha estado influenciada de elementos característicos de cada sociedad, estableciéndose como ideales de belleza. Desde el siglo XX, esta realidad se manifestó de manera vertiginosa en los medios de comunicación, televisión, cine, revistas de moda,  el mundo publicitario,  internet y las redes sociales, que por su fácil acceso impactaron en la conducta de hombres y mujeres, incitándolos a querer obtener formas corporales deseables y patrones conductuales sobre la base de estereotipos de belleza a partir de los cuales, personajes públicos de diferentes áreas de la vida social representan los modelos a seguir.

La imagen corporal se refiere a la percepción que tiene un individuo con respecto a su aspecto físico. En la adolescencia, la imagen corporal está íntimamente relacionada con la autoestima, debido a que es una etapa de transición para convertirse en adultos, y les preocupa mucho cómo se ven ante los demás. La autoestima se refiere a la medida en que nos aceptamos y valoramos, lo orgullosos que estamos de nosotros mismos, y es importante porque el hecho de sentirnos bien puede influir sobre nuestra forma de actuar.

Por lo tanto, la imagen corporal es cambiante y sensible a los estados de ánimo del adolescente, donde las experiencias con su entorno, padres, amigos, y modelos a seguir expuestos en los medios de comunicación, tiene especial relevancia.

En la publicidad dirigida a los adolescentes se puede notar como están expuestos diariamente a múltiples anuncios sobre la imagen y recibiendo demasiadas veces un mensaje equivocado, donde se fomenta una imagen corporal en modelos que están muy lejos de un cuerpo saludable. Es aquí donde los padres/educadores deben minimizar el impacto de los medios de comunicación y fortalecer la imagen corporal del adolescente.

En nuestra sociedad, la presión que ejerce el entorno es más precoz en las mujeres que en los hombres y se incorpora como un elemento de autoestima. El físico de las mujeres que aparecen en los medios de comunicación y en la publicidad es cada vez más irreal, implicando riesgos de salud para ellas al buscar un ideal inalcanzable; además exije una importante dedicación temporal al cuidado del cuerpo y la búsqueda de la belleza.

Los hombres, a diferencia de las mujeres, cuando manifiestan insatisfacción con su cuerpo, en la mayoría de los casos quieren ganar musculatura más que peso. Por ello, el modelo que presenta la industria de la publicidad se asocia a musculatura, dureza abdominal y poca grasa con poderío sexual, explotando así inseguridades en otros ámbitos. Estos aspectos se consideran sinónimo de éxito, belleza, salud, felicidad y control.

Actualmente, tanto para el hombre como para la mujer el cuerpo perfecto es fitness, sano, fuerte, algunas veces andrógino, que debe estar preparado para una sociedad altamente competitiva con determinados valores: la belleza, la autonomía, el autocontrol, la juventud, el poder económico, entre los más evidentes y buscados.

De allí que el individuo, estando en un mercado de consumo tan invasivo y excluyente, se siente amenazado de quedar al margen de la sociedad si este no responde a los códigos dominantes. Por tanto, alcanzar este modelo de cuerpo y valores implica ciertos sacrificios, que muchas veces motiva a algunas personas a realizarse procedimientos quirúrgicos y regímenes alimenticios rigurosos que pueden ir en contra de la naturaleza humana, acarreando serias complicaciones de tipo biológico, psicológicos y sociales, que en algunos casos terminan en la fatalidad.

Como consecuencia de estas exigencias sociales, desde el área de la psicología, la psiquiatría, la medicina general y la sociología, se ha detectado un conjunto de distorsiones de la imagen corporal que puede desencadenar patologías como: la anorexia, que es la ausencia casi definitiva de la ingesta alimentaria para no subir de peso; la bulimia, referida a la ingesta de grandes cantidades de comida para luego inducirse el vómito, así como el uso frecuente de laxantes por miedo a engordar; la vigorexia, consistente en el abuso de ejercicio y esteroides por querer aumentar el volumen de masa muscular ya que se ven siempre muy delgados.

La ortorexia; considerada como la obsesión por consumir alimentos saludables; el trastorno dismórfico corporal mediante cirugías estéticas, donde las personas buscan cambiar los “defectos” de su cuerpo, la mayoría de veces imaginarios. Todas las patologías referidas, se relacionan con episodios de ansiedad, angustia, trastornos obsesivos-compulsivos y trastorno maniacos-depresivos.

En síntesis, la imagen corporal sana, en su esencia, tanto para el hombre como para la mujer, es más que un rostro bonito de dimensiones y formas ideales o un cuerpo perfecto. Ambos como individuos, deben quererse tal como son, aceptar las partes menos hermosas de su físico, optimizar las favorables, queriéndose y valorándose más. Así, en la misma medida, recibirá una respuesta positiva a su actitud con la que cada individuo busca desarrollarse en esta sociedad.

Por José Canelón