junio 15, 2021 9:14 pm

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De Interés Mundial

El cementerio Municipal de Cocorote en Yaracuy guarda el misterio de José Milla y “el ánima sin dolientes”

Los cementerios son lugares místicos donde reposan los cuerpos de personas fallecidas pero muchos de ellos tienen sus cuentas pendientes y no pierden oportunidad para manifestarlas.

El Municipio  Cocorote está ubicado en el estado Yaracuy, es un pintoresco lugar que posee 52 mil habitantes, en sus calles se puede observar la calidez de las personas pero también se respira un aire recóndito propio de las tierras de mitos y leyendas, pues el estado  y el Municipio en sí, se han caracterizado por ser fieles creyentes y practicantes del espiritismo.

Entre esas creencias se comenta sobre la presencia de José Milla y el ánima sin doliente, quienes según los pobladores de la zona, dicen que se sienten en lugares característicos de Cocorote como el Cementerio Municipal y el cerro Milla, que lleva su nombre en su honor.

 El licenciado Daniel Navarro Petit, historiador y creador de la cuenta @ElJournaldeDani en istagram y Facebook, relata   que el cementerio Municipal de Cocorote abrió sus puertas a principios de los años 40, en un terreno que quedaba a las afueras del poblado. Luego de la clausura del antiguo camposanto que se ubicaba en el sector Caja de Agua, las osamentas que hacían parte de este cementerio fueron trasladadas al sitio donde se encuentra en la actualidad.

Para ese momento, todas fueron identificadas para volver a darles cristiana sepultura, pero según la tradición oral, hubo una osamenta que no se identificó, nunca tuvo nombre, nunca los deudos la visitaron, por lo que se decidió colocarla en una fosa común y colocarle una cruz sin nombre. Desde ese momento se convirtió en el ánima sin doliente del cementerio de Cocorote, que aún pena y recorre el camposanto todas las noches.

Detalla, que tal parece que al cerrar las puertas del panteón, las almas deambulan por el lugar. Así lo cuentan Diana y Rosa, hijas de un difunto que está reposando en el cementerio, que al no poder ir al sepelio de su padre, decidieron ir al  lugar semanas después.

Sus hermanas no quisieron acompañarlas al cementerio, por lo que decidieron ir solas y ver como conseguían la tumba; pues para los años 80 no estaba tan poblado. Al llegar al lugar, entraron y a unos cuantos metros vieron a un señor que vestía  camisa blanca, pantalón negro y un sombrero de cogollo, pensaban que era el celador; al acercársele le preguntaron si conocía la tumba de Teodoro Barreto y sin pronunciar palabra, señalo con su dedo y las dirigió hasta la tumba señalada, con sus largos dedos que apenas se podían visualizar por el largo de su camisa les indico que caminaran junto a él, hasta el momento Diana y Rosa no se habían percatado que con quien estaban tratando, era un ánima.

Las damas al dejar las flores, rezar y estar un rato junto a la sepultura de su padre, decidieron marcharse,  buscar al señor que muy amablemente las llevó hasta la tumba. Lo buscaron pero no lo visualizaron en los alrededores ni en la entrada, en ese momento vieron a una señora que venía saliendo del cementerio, al preguntar si había visto al señor y describirlo, la señora asombrada les dijo que  habían sido atendidas por el ánima sin doliente, pues el señor había muerto hace muchos años y al momento de la mudanza del campo santo nadie reclamó su cuerpo.  Diana y Rosa salieron  espantadas, con los pelos de punta, aterradas por lo sucedido.

Así como el relato de Diana y Rosa que vieron al ánima, existe otro cuento sobre varios amigos que decidieron entrar al cementerio, su dosis de curiosidad fue calmada con un fuerte espectro de la oscuridad, que los llevó a tener pesadillas por varias semanas. Unos muchachos que habitaban cerca del cementerio. Los jóvenes que para aquel momento tenían entre 16 y 17 años, decidieron un día querer experimentar y saber si era cierto de que en el cementerio había actividades paranormales.

 En el año de 1991, los aventureros esperaron que fueran las 7 pm y entrar por la parte trasera del panteón, los tres chamos  decidieron en entrar, dos estaban esperando detrás de la reja para avisarles si venía alguien. Al brincar la pared todo era oscuro, una espesa niebla se observaba en el lugar que tenía hacía  uno que otros velones prendidos, había sido un día de lluvia y el frío era algo fuerte, todos estos elementos le daban un toque terrorífico a lo que estaba por suceder. Una linterna pequeña era la poca luz que los acompañaba, pero, al llegar a una de las tumbas la misma empezó a fallar, era intermitente y la luminaria era más opaca de lo normal.

Navarro, explica que uno de los muchachos sentía que alguien venía detrás de ellos, pero como dos de sus amigos estaban afuera, pensó que se habían decidido entrar, al voltear le pidió a uno de sus amigos que alumbrara,  pero no había nadie, como estaban atentos a lo que venía detrás, descuidaron lo que poco a poco empezaba aparecer delante de ellos. Un hombre alto, vestido de negro totalmente, se les apareció, no tuvieron oportunidad de verlo bien pero sabían que no era humano, los jóvenes  salieron corriendo despavoridos, pero mientras trataban de llegar a la pared del fondo, uno de ellos cayó en una fosa donde iban a sepultar a alguien al día siguiente, los otros corrían y no se dieron cuenta de que su amigo necesitaba ayuda.

 Entre el desespero por salir, los amigos escuchaban los gritos hasta que lo consiguieron, lograron sacarlo de la fosa pero una luz incandescente se posó frente a ellos y una risa macabra los comenzó a aturdir. Sus piernas parecían dormidas, el espectro quería que lo vieran y alimentarse de su miedo, la luz se había transformado en el mismo hombre que los había hecho correr.

Privados del susto comenzaron a lanzar puñados de tierra pero era inútil, los alaridos de los chicos habían alertado a los que estaban afuera, por lo que decidieron ver tras los huecos de la pared, pero no se podía ver nada, asustados corrieron a la casa más cercana y le avisaron al papá de uno de los que estaba adentro, que algo extraño estaba pasando. El señor agarró agua bendita y salió corriendo a buscarlos, pero, al llegar al lugar, estaban tirados en el suelo, sucios, orinados, cubiertos en llanto. Lo que habían visto los atormentó tanto que el susto les duró varias semanas. La abuela de uno de ellos que se dedicaba al espiritismo los tuvo en una velación para quitarles a esa entidad maligna, pues se había adherido a ellos desde que agarraron la tierra del cementerio.

Tal parece que esa tierra es sagrada y tiene poder, en este caso no era un ánima la que los había espantado, se trataba de una entidad que se había formado por rituales de brujería que habían practicado en el lugar y era un custodio fallecido quien se encargaba de resguardar el camposanto.

 Según vecinos del sector, la tumba del ánima ya no existe en el cementerio. Pero hay varias personas que afirman que aún lo han visto merodeando el lugar, pero este ánima no lástima, solo busca luz para descansar.

En el pueblo de Cocorote las historias no solo se basa en el misterio de las diferentes presencias del cementerio, pues hay quienes sienten y creen en  Juan Milla, mejor conocido como el  ánima de Cocorote, cuenta la leyenda que estando en las Minas de Aroa,  Milla se enfrentó en una riña a un hombre inglés al quien luego apuñaló causándole la muerte. Él escapó corriendo por las montañas de Aroa hasta las montañas de Cocorote, lugar donde hoy en día se encuentra su altar. Estado allí se sintió cansancio y paró, minutos después murió posiblemente de un infarto o por las heridas causadas en la pelea con el inglés. El cuerpo de Milla fue hallado sin vida el 20 de diciembre de 1913.

Son muchas las personas que le profesan devoción porque, según aseguran, les ha concedido favores. En su capilla, en la zona alta del municipio Cocorote, se pueden observar muchísimas placas de agradecimiento, algunas apenas se pueden leer por su antigüedad, otras se han deteriorado por la cantidad de esperma de incontables velas derretidas que se encienden al ánima de este hombre.

 A un lado de la capilla se encuentra un monumento que simboliza la tumba de Milla levantado por Pedro Torres y sus hijos, como pago de un favor concedido el cual se desconoce, pero que según los habitantes de la zona se dice que allí todavía reposan sus restos. Sánchez, quien era habitante de la zona, le pidió con mucha fe al ánima de Juan Milla. Le dijo que lo ayudara a salir de sus problemas y él le construiría una capilla en el lugar donde murió. Un día este personaje ganó en las carreras de caballos y logró salir de sus problemas. Fue así como construyó la capilla de Milla en diciembre de 1952.

Placas y regalos que le ofrecen infinidades de personas devotas de este “Robin Hood” que les brinda favores a los más necesitados que con mucha fe le piden por su bienestar. Juan Milla sigue allí en las zonas de La Cumaragua, El Candelo y Las Filas recorriendo las montañas y caminos que transitó en vida, esperando ser llamado por algún creyente. 

Entre los pobladores se rumora que hay noches nubladas en la que a lo alto de la montaña se siente Juan Milla, corriendo perdido y solicitando y brindando ayuda. Hasta hoy en día en el Municipio se estima que es el protector de las montañas y su presencia llega ayudar a los desesperados.

Redacción Zuleydy Márquez/ Notiguaro

Agradecimiento al Licenciado Daniel Navarro Petit, @ElJournaldeDani en Istagram, EljournalddeDani en Facebook.

Foto: Alcaldía del Municipio Cocorote

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